Varios modelos
Esta es la crónica y el pensamiento de decenas de movimientos revolucionarios ligados al cristianismo durante los últimos dos milenios. Gentes que entendían y practicaban de forma comunalista y antiautoritaria el mensaje de los evangelios y que intentaron construir y vivir un mundo mejor, pagando en muchos casos sus supuestos pecados con la tortura y la muerte. Desde los primeros cristianos insumisos a Roma y liberadores de esclavos, hasta los mas recientes anarcocristianos latinoamericanos, pasando entre otros por San Francisco y su antiespecismo, o los oneidas y su igualdad de sexos. Historias condenadas a la hoguera y al olvido por parte de las iglesias cristianas oficiales, aliadas con los distintos poderes y gobernantes a lo largo de los tiempos, pero que influenciaron en los actuales movimientos revolucionarios y fueron en algunos casos las primeras experiencias revolucionarias conocidas.
De Cristina Fernández Pereira nunca se volvió a saber, sospechamos que ni tan siquiera los suyos tienen constancia de cuál fue su destino. Confiamos en que si este relato cae en manos de alguno de sus familiares, de sus vecinos del Bierzo y Barcelona en el barrio de Sant Antoni, hayamos sabido estar a la altura de las circunstancias. Esta es nuestra contribución a un tema que nos sobrecoge: el olvido intencionado de la memoria reciente de una parte de nuestra historia que está siendo ninguneada. Al embarcarnos en esta aventura teníamos claro que la historia de una mujer de oficio portera, no iba a ser fácil de investigar. Por eso mismo nos pusimos dos premisas: ella iba a ser la protagonista, encontráramos lo que encontráramos. Sí el material investigado resultara insuficiente, construiríamos un pequeño relato desde nuestro corazón de vecinos, a nuestra vecina. Sin inventarnos historias, sin falsear su persona. Dicen que los pobres no tienen historia. Sin embargo, Cristina ha sido el hilo conductor que atraviesa una historia común en el entorno de nuestro barrio. Nos ha llevado de la mano al lado de los luchadores por la libertad, nos ha situado entre los que perdieron y nos ha sentado en el banquillo de los represaliados. Sus compañeros de infortunio en esta aciaga madrugada del 13 de mayo de 1939 en el Campo de la Bota han estado siempre presentes en nuestro pensamiento, así como todos los otros represaliados. Sospechábamos que tropezaríamos con lo que Eduardo Galeano llamó “Los Nadie”.