Ninguna frontera es una simple línea, una barrera. En el caso del Mediterráneo, que une y separa Europa, África y Asia, esto es aún más cierto. La zona fronteriza es una masa de agua con una tremenda carga de historias de sometimiento, de trabajo forzado, de violencia, pero también de resistencia, de fuga, de emancipación. Mediterráneo negro es el enfoque compartido por las activistas y académicas que contribuyen a este volumen desde distintas disciplinas: geografía, teoría política, sociología y estudios culturales. El desafío al que nos invitan consiste en repensar el área mediterránea como un espacio de producción racializada de fronteras, cuerpos y ciudadanía inserto en los circuitos globales de acumulación capitalista. El marco Mediterráneo negro es cualquier cosa menos una frivolidad académica. Al contrario, es un esfuerzo coral, coordinado y políticamente orientado, que viene a intervenir en un campo de batalla bastante concurrido. En la actualidad compiten por el relato y la historia de las fronteras de Europa varias propuestas con agendas distintas. Mediterráneo negro se opone frontalmente tanto a los populismos racistas de derechas como a las llamadas más amables al cierre de fronteras por parte de la socialdemocracia nativista y cierto chovinismo del bienestar. Su apuesta es radical: ir más allá del paradigma de la acogida y no conformarse con menos que la abolición, tanto de las fronteras como de todas las instituciones al servicio del capitalismo racial y sus dinámicas de exclusión e inclusión diferenciada, que mantienen bajo control los costes salariales y el conflicto social. En suma, este libro impugna los términos del debate sobre las migraciones en plena crisis de las clases medias europeas. La tarea, de la que está casi todo por hacer, consiste en encontrar conexiones entre el empobrecimiento acelerado de quienes ya viven en el continente y la situación desesperada de quienes acaban de llegar. La creación de alianzas, comunidades de lucha, deseo y apoyo mutuo es la oportunidad a la que apuntan estas páginas.
¿En qué y cómo se concreta una economía anticapitalista? ésta es una de las preguntas a las que busca contestar esta investigación. Basándose en un profundo trabajo de campo, fruto del acompañamiento de la autora a diferentes proyectos productivos actualmente funcionando en Rojava (Kurdistan sirio), el libro se centra en la organización de la economía social, en las cooperativas y la economía de las mujeres, para analizar la capacidad transformadora de la experiencia de Rojava enfatizando no tanto en los resultados como en los procedimientos y en el cambio de paradigma y de subjetividades que ello genera. El libro arranca con el despliegue de un marco teórico en el que se discute el contenido y la forma de entender palabras como "izquierda", "revolución", "nación", "Estado" o "lucha de clases" a lo largo del tiempo y según determinados contextos históricos. Contrapone la perspectiva socialista tradicional y su idea del partido proletario con otras corrientes de pensamiento entre la que destacan la experiencia zapatista y los aportes de teóricos del movimiento kurdo. Posteriormente la autora describe el contexto histórico, político y geoestratégico del Kurdistan para pasar a estudiar la organización productiva y social desde las comunas, abordando también sus límites y carencias.
Los jacobinos negros fue la primera gran historia de la Revolución de Haití. Fue el trabajo que la sacó de la oscuridad y el olvido, para explicar cómo fue que los esclavos rompieron sus cadenas para hacerse cargo de una sociedad. El resultado, un estudio sobre una revolución que puso verdaderamente ?el mundo patas para arriba?. Un mal ejemplo para la burguesía y un legado y estímulo para la clase obrera: si hombres y mujeres pertenecientes a lo más sumergido de la sociedad, sin nada más que sus cuerpos cansados y golpeados, sin tradiciones políticas y sin mayores esperanzas que trabajar libremente, llegaron al poder, no hay ningún impedimento serio para que la clase obrera haga lo mismo. Ese el verdadero mensaje de James y su revolución negra: un orgullo para la humanidad y para Latinoamérica, que abre su historia moderna con la irrupción de los esclavos y que debería cerrarla con la de sus herederos.
Los manifiestos revolucionarios nunca antes publicados de Malévich y Ródchenko, entre otros, en Anarquía (1917-1918), órgano rebelde de los artistas futuristas.En el periódico Anarquía, publicado por la Federación Moscovita de Grupos Anarquistas, firmaron numerosos manifiestos y artículos los principales artistas anarquistas, como Malévich o Ródchenko, entre muchos otros. Incluso denunciaron a Maiakovski como «poco anarquista». El anarcofuturismo en Rusia era dadaísta, veneraba el anarcoindividualismo de Stirner, la idea de que «el placer de la destrucción es también un placer creativo» defendida por Bakunin y el principio de «la propiedad es un robo» de Proudhon. Desde las páginas incendiarias del periódico se hacían llamamientos a destruir los monumentos y el arte oficial: «¡Haz explotar en pedazos los frágiles ídolos de la civilización!», proclamaron.
Signos culturales de lo queer y de la discapacidad surge de las tradiciones de los estudios culturales que cuestionan el orden de las cosas, analizando cómo y por qué se construye y naturaliza este orden; de qué manera se encuentra inserto en las complejas relaciones económicas, sociales y culturales; y cómo podría cambiarse.Pasando por la teoría feminista, estudios culturales afroamericanos y latinoamericanos, estudios de composición, cine y televisión, así como por las teorías de la globalización y la contraglobalización, Robert McRuer articula las preocupaciones centrales de la teoría crip y considera cómo una perspectiva tan crítica podría afectar a la cultura e indagación histórica en las Humanidades.El autor recorre la historia de Sharon Kowalski, el arte de la actuación de Bob Flanagan, y las revistas de Gary Fisher, así como las críticas al capacitismo y a la discapacidad domesticada comercializados por la Marcha del Milenio o Queer Eye, para examinar cómo se componen las identidades dominantes y marginales corporales y sexuales
El autor, doctor en sociología, afirma en la introducción de este libro que esto es "un estudio sobre la violencia". Porque violencia, estructural, cotidiana y muchas veces invisible, es como realmente debemos llamar a los procesos especulativos que viven muchos de nuestros barrios.En la mayoría de grandes (y no tan grandes) ciudades de nuestro entorno se viene produciendo en las últimas décadas eso que se ha denominado "procesos de gentrificación", es decir, la expulsión de la población tradicional de barrios populares con la excusa de "rehabilitar" unos barrios supuestamente deprimidos. El desembarco de franquicias, hoteles de lujo y tiendas para pijos y modernos "alternativos" son el paso previo a la progresiva expulsión de la vecindad y el comercio de toda la vida. Estos barrios suelen ser céntricos y se han convertido en un goloso objetivo para instituciones, constructoras y empresas de turismo. El Raval de Barcelona (en donde está incluido su famoso Barrio Chino que da título al libro) es uno de esos barrios que todavía hoy lucha contra la gentrificación, contra un violento proceso especulativo.
Sinopsis:El Barrio del Raval, cuyo sur geográfico ha sido el histórico Barrio Chino de Barcelona, es desde hace más de un siglo el símbolo y la representación de los pánicos sociales y morales de la burguesía barcelonesa. La concentración de población obrera, la pobreza estructural y la actividad del trabajo sexual, por un lado; y, por otro, su configuración como espacio de conductas desviadas y una cultura urbana al margen de los cánones morales lo han hecho objeto de una estigmatización y una condena permanentes. Lugar de pobres, putas, anarquistas y mariconas, y también de revueltas y conflicto social, este barrio es el territorio de la guerra urbanística más antigua y duradera de las oligarquías barcelonesas.
Matar al Chino muestra que todos los poderes políticos que han gobernado la ciudad, tanto conservadores como progresistas, han mantenido unas políticas de control y persecución social, destinadas a hostigar unas realidades sociales descontroladas, que no se pliegan al tiralíneas de políticos y urbanistas. Los recientes intentos de colonización urbana del centro histórico, para lograr su explotación turística, han venido acompañados de los intentos de expulsión de una población molesta, que debía borrarse del mapa y el escaparate, y han tenido éxito en la destrucción de muchas vidas, pero han naufragado como proyecto ante la complejidad social del Raval.
Junto con un magnífico trabajo historiográfico, Miquel Fernández culmina el libro con una etnografía llevada a cabo en la calle d’en Robador, símbolo de la violencia institucional aplicada durante la reciente reforma urbanística. En ella puede palparse la resistencia a desaparecer de una comunidad que, en un espacio mediado por la represión, traza sus alegrías, tristezas, conflictos, dificultades y esperanzas, en definitiva, sus vidas y sus vínculos comunitarios, frente a un proyecto de ciudad que quisiera borrar su existencia.
Prólogo de Mónica Degen. Epílogo de Manuel Delgado
Josu Trueba Leiva es un fotógrafo vasco, fajado en el foto-reportaje y la imagen documental, al que el destino le reservó una especial noche de borrachera en La Habana que cambiaría su relación con Cuba. Su historia empieza un 19 de diciembre de 2008, doce días antes del 50 aniversario del triunfo de la revolución; allí estaba, en casa de Diony Arce, el cantante de "Zeus", la legendaria banda de metal cubano con más de veinte años de historia. Ese mismo día, Josu descubrió que existía el punk cubano. Dioni puso en sus manos un Cd de "Eskoria" -Acere, lo que tú viniste a buscar es esto. Toma, agárralo.
Es el principio de un proyecto que se ha alargado durante más de tres años para poder ver la luz y que se ha redondeado con un taller de fotografía participativa, donde han sido los propios punkis cubanos quienes han colaborado retratando, ellos también, su entorno más cercano. El resultado se recoge ahora en "AL SON DEL PUNK / KUIDADO KE MUERDEN", un proyecto bicéfalo compuesto por un libro y una exposición, evidentemente necesario ante la escasez de material sobre el tema.
La publicación, editada por BANIZU NIZUKE (www.banizunizuke.com), se compone del trabajo documental de Josu Trueba titulado "AL SON DEL PUNK", así como de las imágenes del taller de fotografía participativa "¡KUIDADO KE MUERDEN!" impulsado por el colectivo RUIDO PHOTO; que facilitó cámaras digitales a los propios punkis para que fueran ellos mismos quienes se encargaran de fotografiar su propio contexto. Además, la experiencia del taller se grabó en un video que, en formato DVD, acompañará al libro.
El libro repasa fotográficamente varias experiencias del punk cubano desde el humanismo y la primera persona.La escasez de recursos hizo que el debut del punk en Cuba se retrasara hasta primeros 90. En 1991, surgió la primera hornada de bandas: "Rotura", "Futuro Muerto" y "Detenidos"; que abrieron el camino a otras como: "VIH", "Eskoria", "Arrabio", "Limalla", "Gatillo", "Akupunktura", "Chispaitren" o "Albatros".Hoy, el movimiento mantiene parte de sus raíces. Aquellos músicos crecieron y continúan con sus actividades cotidianas. El Urraka es mecánico y hace de padre con su hermano Takechi, Markitos cogió la máquina de tatuar y creó una familia, Didietrabaja en la construcción y junto a Yadira tiene dos hijos, Anays es abogada y Ernesto informático. Las nuevas generaciones no han dejado morir al movimiento. Estudiantes o artistas plásticos son los que forman la escena punk actual.Las instantáneas de Trueba captan a la perfección la cotidianidad e intimidad de la vida diaria junto a la explosión de energía de ensayos y conciertos de algunos de estos músicos. Retazos de un modo de vida que poco tiene que ver con la imagen clásica de La Habana pero que comparte, a su manera, sus calles y rutinas.
TALLER DE FOTOGRAFIA PARTICIPATIVA "KUIDADO KE MUERDEN"Los propios protagonistas del punk cubano actual se retratan y plasman su realidad en "¡KUIDADO KE MUERDEN!" un proyecto que camina en paralelo al reportaje fotográfico de Trueba y con el que comparte publicación.
El colectivo barcelonés RUIDO PHOTO, en colaboración con varias entidades culturales de La Habana, pusieron en marcha este taller con una idea clara: Expresar la cotidianidad, adversidades y alegrías de los miembros del movimiento. Diez de ellos aprendieron a usar la cámara digital para presentarnos un pedacito de su realidad. La sinceridad y proximidad de las imágenes avalan el resultado.
En agosto de 1963 dos hombres se presentaron en el Hotel Potomac de Caracas, en el que se alojaba el Real Madrid, se identificaron como policías y le pidieron a Alfredo Di Stéfano que los acompañara a comisaría para tomarle declaración por un asunto de drogas. Purita, peluquera del hotel, los vio salir y, sintiendo que algo raro pasaba, llamó a su marido, el periodista Lázaro Candal. Horas después reventó la noticia en la prensa española: Di Stéfano había sido secuestrado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.
Comenzó en ese instante una trama insólita en la que se vieron envueltos no solo el futbolista y sus secuestradores, sino directivos, embajadores, ministros y hasta los máximos mandatarios de Venezuela y España: Rómulo Betancourt y Francisco Franco.
El secuestro de Di Stéfano es el relato de esos días de cautiverio y de la cicatriz que dejaron en la vida posterior del astro argentino, pero es también la historia de su secuestrador, Paúl del Río, que se convirtió en un reconocido artista y vivió en Venezuela el auge y caída del proceso revolucionario.
Una crónica que se desarrolla sobre un paisaje político y otro futbolístico: la Venezuela de Hugo Chávez y el esplendor del Real Madrid.
En la segunda mitad de la década de los setenta, Barcelona vivió una explosión libertaria cuyos ecos se replicaron, en mayor o menor medida, en gran parte de España. Se vivía la etapa más creativa en un país en el que había teatro independiente sin teatros, vanguardias sin escuelas ni museos, lectores y compradores de libros sin bibliotecas públicas. Una parte de la generación más joven supo cultivarse y crear sin reglas ni mandatos: las consignas, si existían, las arrastraba la brisa hasta el camión de la basura.
Como en una coreografía acelerada y delirante, Pepe Ribas (fundador de la mítica revista Ajoblanco) evoca aquella efervescencia libertaria que se desarrollaba sobre un confuso trasfondo social de ilusión y miedo, libertad y un atrevimiento hasta la asfixia, en el que todo parecía posible. El espejismo terminó desvaneciéndose: las instituciones y los partidos políticos maniobraron para, primero encauzar, y luego ahogar, esta fuerza libertaria demasiado imprevisible para la ortodoxia política (tanto de derechas como de izquierdas). Envolvieron la contracultura en diseño, sentimiento nacional y negocio, la alegría se transformó en interés individual y en neurosis. De compartirlo casi todo se pasó a la competitividad y a la insatisfacción bañada en alcohol. La heroína empezó a sembrar la calle de cadáveres y delincuencia. Pero ese espejismo no fue en vano: gran parte de su legado ha permeado hasta nuestros días a través del ecologismo, el feminismo, la liberación sexual y la cultura libre e independiente.
«Hay libros que atrapan, libros que enseñan y libros que asombran. Este relato vertiginoso, endiabladamente bien contado, lo consigue todo a la vez. Un vibrante “road trip” por la trastienda de la violencia y el sucio dinero. La Europa más siniestra y la peor cara de América emergen en esta historia digna del “New Yorker”». —Paco Cerdà
Al boliviano Roberto Suárez, uno de los protagonistas de esta historia, Pablo Escobar lo llamaba don Roberto. Fue un maestro para él. A Escobar, en cambio, Suárez lo apodó pelícano, burlándose de su papada.
Esta historia es la génesis de todas las historias de grandes narcotraficantes. Y la más desconocida.
Durante años, tras la Segunda Guerra Mundial, decenas de altos mandos del nazismo huyeron a Latinoamérica. Klaus Barbie, líder sanguinario de la Gestapo en la Francia ocupada, fue uno de ellos. Él es el otro protagonista de este libro.
Roberto Suárez y Klaus Barbie se conocieron a finales de los años setenta en La Paz. Fue el comienzo de una alianza inédita: la del primer gran narco y el último nazi. La coalición, que incluía a Escobar, fundaría el primer narco-Estado de la historia y cambiaría el negocio mundial de la cocaína.
Esta historia simboliza la de todo un continente y una época. Desde los regímenes militares del Plan Cóndor y la Guerra Fría de la CIA al auge y el impacto del narcotráfico en la región y la fallida guerra contra las drogas. El momento exacto en el que pasado, presente y futuro coincidieron.
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[XXXI Premio de no ficción Olarra & Bretón 2025]
Los años anarquistas de Victor Serge suelen ser poco valorados. En Memorias de un revolucionario y en otros escritos de madurez, él mismo tiene cierta propensión a deformar, minimizar o, en todo caso, restar importancia a su actividad anterior a febrero de 1919, cuando llegó a Rusia. Existe, además, una peculiar convergencia entre quienes pretenden encasillarlo en alguna secta marxista-leninista y los propios anarquistas «ortodoxos» (si es que algo así puede existir), que no le perdonan su posterior adhesión al bolchevismo. Este libro rescata escritos y documentos juveniles poco conocidos que abordan distintos temas de gran actualidad en nuestros tiempos de pensamiento único, contribuyendo así a dibujar una figura compleja y contradictoria, aunque indudablemente humana.
En este magnífico libro Claudio Albertani reconstruye con pasión, lucidez y gran conocimiento de causa los años anarquistas de Victor Serge y, por extensión, las andanzas de sus compañeros por diversos países de Europa. Albertani nos pinta un fresco de aquellos años de la Belle Époque de la Anarquía y del tan rico como apasionante mundo de unos jóvenes que, cargados de energía, intentaron poner el mundo del revés.
Cuando tenía nueve años, a Lucy Grealy le diagnosticaron un tipo de cáncer conocido como sarcoma de Ewing. Contra todo pronóstico, logró sobrevivir, pero durante los siguientes años, y después de que le extirparan una parte de la mandíbula, tuvo que someterse a decenas de operaciones para intentar reconstruir su rostro desfigurado. Grealy aprendió entonces a vivir con las burlas o la compasión de los demás; aprendió a aceptar su imagen reflejada en el espejo; aprendió a crecer de una forma distinta a la del resto de adolescentes. Aprendió, en definitiva, a gestionar la diferencia y la indiferencia.
Estas memorias son el relato de los años de infancia en un suburbio de Nueva York, de los días de colegio, de la aparición de la enfermedad y el intento de normalizarla, de las travesuras en el hospital junto a otros niños enfermos, de la relación con padres y hermanos, de la llegada de la adolescencia y el descubrimiento de la vida.
Autobiografía de un rostro fue publicado originalmente en 1994, seis años antes de que Lucy Grealy muriera por culpa de una sobredosis de heroína. Por ser un testimonio enormemente sincero, narrado de forma brillante y sin un ápice de sentimentalismo, el libro recibió pronto el aplauso de la crítica y el público anglosajón. Grealy escribió, sin caer en el dramatismo o la autocompasión, un texto que nos interpela directamente —la búsqueda de aceptación propia y ajena, la relación con la familia y el entorno— y que parece por momentos envuelto en el ingenuo desenfado de la primera juventud.
Un pequeño tesoro de la literatura memorialista traducido ahora por primera vez a nuestro idioma.
«Deslumbrante. Con solo una posibilidad entre veinte de sobrevivir, Grealy superó el cáncer, algo casi intrascendente comparado con el horror de tener que enfrentarse a un mundo que calcula el valor de una mujer por su aspecto. Este libro, profundo y exquisitamente escrito, nos recuerda que lo que nos hace “hermosos” no es siempre lo que otras personas ven». —Seventeen
«Es un libro sobre la imagen, sobre la tiranía de la imagen de un rostro hermoso, o incluso normal, aunque atractivo. Al final, más que derrocar esa tiranía, no se le da importancia». —New York Times Book Review
«Esta desgarradora y lírica autobiografía es una sorprendente reflexión sobre los efectos distorsionadores de la obsesión de nuestra cultura por la belleza física». —Publishers Weekly
A finales de los años ochenta, Duro Felguera es un gigante industrial centenario que vertebra la cuenca del Nalón con sus miles de puestos de trabajo y mantiene estrechos vínculos con el poder político. Por su parte, sus empleados han forjado una sólida cultura asamblearia y sostienen frecuentes reivindicaciones. Raro es el mes en el que no hay huelga en La Duro.
Por ello, la pretensión de Duro Felguera de pasar de ser una empresa de «mono azul» a una de «cuello blanco», despidiendo a 232 trabajadores, choca de frente con la plantilla, que reclama una buena gestión, el mantenimiento del empleo y un plan de futuro para las cuencas.
Entre 1989 y 1999, los trabajadores responden a los sucesivos despidos con paros, marchas, conciertos, una huelga de hambre de 52 días, numerosos sabotajes y un encierro en la torre de la catedral de Oviedo de 318 días, convirtiéndolo en uno de los conflictos laborales más radicales y exitosos de las últimas décadas, en el que «los de La Duro» pelearon contra la lógica del mercado hasta lograr una solución para cada uno de los despedidos.
«Un pantano sabe más que la mayoría de la gente. Es nuestra naturaleza, pues dentro de nuestros húmedos y nebulosos confines, el agua lleva mensajes, historias e incluso rumores. El pantano conecta todas las vías acuáticas: del estanque al río, al mar y a las cisternas de vuestros váteres. Sabemos vuestros secretos, oímos vuestras discusiones, lavamos el sudor de vuestros cuerpos.» Tres mujeres dan a luz en diferentes países y en diferentes décadas. En un futuro cercano, en pleno desastre climático global, acaban conviviendo en una urbanización costera de Nueva Zelanda. A Keri, madre soltera, le cuesta sacar adelante a su pequeño Walty y a su hija mayor Wairere, una preadolescente extraña con una conexión mágica con el pantano cercano a su casa. Janet, su vecina de siempre, es una mujer mayor blanca llena de prejuicios racistas. Y entonces llega Sera a la comunidad, con su marido y su hija Aliana. Ellos son refugiados climáticos procedentes del Mediterráneo, donde ya no se puede vivir. Cuando Conor, el hijo de Janet, vuelve a casa con el pelo rapado y un tatuaje nuevo, la tensión en el vecindario crece, mientras el impasible pantano aguarda, majestuoso, el desenlace fatal. Y se prepara para contraatacar… «Las ciénagas» es una novela inmersiva, mágica y profundamente anclada a sus raíces maoríes. Un grito firme en favor de la empatía y el respeto entre seres humanos en momentos de barbarie moral universal.
Este libro es un viaje de ida y vuelta por dos universos separados por miles de kilómetros, pero interconectados por varios hilos: el carbón y la minería, el capital y su logística portuaria, la migración y el exilio. Eduardo Romero traza un puente entre Asturias y Colombia, y nos hace partícipes de una historia real -maravillosamente contada- en la que el «azar global» conecta el destino común de "los de abajo". Eduardo Romero es conocido por haber publicado diversas obras. Destacar algunas como Autobiografía de Manuel Martínez (2019), crónica de esa generación de inadaptados sociales a los que la democracia española solo les dio a elegir entre la cárcel o el manicomio; En mar abierto (2021). historia coral de un vecindario atravesado por las fronteras; así como numerosos libros dedicados a la crítica de la política migratoria, entre ellos: Quién invade a quién. Del colonialismo al II Plan África (2011) y Un deseo apasionado de trabajo más barato y servicial. Migraciones, fronteras y capitalismo (2010). También es autor del relato Naiyiria (2016), ilustrado por Amelia Celaya, y del librito en torno a la pandemia La nueva normalidad (2021).