Dicen los de Olariz que en el llano no tenemos entendederas, y razón no
les falta. Pero, por más que tengamos la cabeza llena de pájaros y los
intereses puestos en asuntos que tampoco llevan a nada, lo que no nos
pueden negar es que tenemos paladar fino y sabemos apreciar lo bueno.
Por eso llevamos más de una década esperando noticias suyas, confiando
en que, más tarde que temprano, su bertsolari Arteaga se arrancaría a
cantar.
Así pues, lector, ya seas del llano, la mar o la
montaña, siéntete afortunado si en tus manos han caído estas memorias.
Zambúllete hasta lo más profundo, sumérgete hasta quedarte sin aire,
porque cuando emerjas para llenar de nuevo tus pulmones y te tumbes a la
orilla, aunque con cierto regusto a cieno, tendrás los ojos abiertos
para mejor ver.
?En casa de mi abuelo nunca se comía pan
tierno. Se compraba a diario, pero nadie lo probaba. Como se había de
aprovechar el del día anterior, el recién hecho se comía al día
siguiente. Correoso. Era como esos remolinos de la mar de los que uno no
puede salir por muchas brazadas que dé. Lo del pan siempre había sido
así. Si no se ha nacido aquí, no se tienen entendederas para lo nuestro.
Aunque una vez, no se sabe si porque hubo un eclipse que cayó en un día
impar de un año bisiesto o por qué, las aguas torcas se hicieron
mansas, orillándose el pan viejo, para hacer aprecio al tierno. Lo
hicimos todos menos mi abuelo. Nunca se habló de ello en casa. Aquí
pensamos que con no hablar se hace la componenda. En el llano es más
pior. Allí creen que las cosas se enderezan hablando.? (Fragmento del
libro)
He aquí el marco de esta guerra, de treinta años de
antigüedad, narrada no por supervivientes sino por muertos que no están
del todo muertos y que, como en todo buen cuento, deben regresar para
vengar la derrota y recuperar la posesión de sus tierras, como los
guerreros de Toro Sentado o Caballo Loco haciendo reaparecer al bisonte
tras un buen baile de espíritus. Incluso si Little Big Horn siempre
termina en Wounded Knee.
Y como bien sabemos que las regiones
costeras atraen a los ricos y a los mafiosos, el lugar es también el
escenario de algunos asesinatos particularmente atroces donde poderosos y
narcotraficantes engañan al aburrimiento aprovechándose de su
impunidad, como en las regiones más calientes de México o Colombia. Como
hemos leído, las regiones no tienen el monopolio de la corrupción ni de
los abusos diversos. No más que políticos corruptos, dueños de pubs
descarados, prostitutas callejeras astutas, viejos lascivos u obstinadas
ranas almeja.
Pero hay montañas donde los difuntos con las cuencas
de los ojos vacías guardan rencores tenaces y una visión de largo plazo.
Para el deleite de los cangrejos. (Pierre-Jean Bourgeat)
?Los
lodos de debajo del mar son la alfombra de un mundo vedado para los
vivos. En las profundidades ?abisales les llaman los que entienden?, la
oscuridad es toda y la vida es mucho diferente. Ahí abajo los peces
paicen cualquier cosa de la traza que tienen. Lo que la mar se traga
acaba en su fondo de ciénaga, fría, oscura y profunda donde la vida es
otra y desde donde suben burbujas como recuerdos de algo. Allá abajo
sólo pueden vivir peces raros como demonios de los infiernos, que no se
pueden asar a la parrilla de lo mucho duros que son. En el nuestro, los
fondos se van llenando de barrillo y basura y dicen que hay mucho gas,
que es el que luego aflora arriba en burbujas y que coincide cuando
aparecemos y desaparecemos los que perdimos los ojos en las pinzas de
los cangrejos.
Puede que seamos peces varados al orillo de una mar,
esperando el final. Que la vida sólo sea eso. Retorcer el espinazo y
saltar sobre el barrillo para buscar la última bocanada que el aire nos
regatea. O que ya estemos muertos de hace tiempo. O que estemos a medio
camino entre una cosa y la otra, sin ser ni lo uno ni lo otro. Debajo de
las aguas o encima de ellas. Aquí o allá. Pal caso es igual.
Un día se deja de vivir para lo que queda y se queda uno en lo que fue. Y ya.? (Fragmento del libro)