… Ellos entraron “con todo” aquella fatídica noche del 5 de abril de 2012 en aquel oscuro callejón. Ellos salieron con las manos manchadas de sangre. Durante los años que ha durado este proceso, familias y amigos han demostrado dignidad frente a la vileza de los necios. Humildad frente a la soberbia y la arrogancia…
En junio de 2012 el PNV reclamó al Departamento de Interior del Gobierno vasco que los grupos parlamentarios tuvieran acceso a toda la información que formara parte de la investigación interna sobre el operativo y la actuación de la Ertzaintza que provocó la muerte de Iñigo Cabacas. Los jeltzales exigían además «depurar responsabilidades» al margen del proceso judicial en curso.
El PNV plasmó esta demanda en una moción que sería debatida en el mes de junio en el pleno ordinario del Parlamento vasco: «En el último pleno de control interpelamos al consejero Rodolfo Ares y desgraciadamente no dijo nada nuevo. Se sigue escudando en la justicia y el recorrido que el caso tiene en los tribunales para no dar ninguna explicación».
«No está garantizando transparencia, no está facilitando información a los grupos por mucho que usted diga, está lanzando continuas cortinas de humo con los cambios habidos tras el desgraciado muerte de Cabacas», añadió el parlamentario del PNV y autor de la iniciativa, Mikel Martínez.
El Straight Edge ha resistido a lo largo de las últimas décadas como una cultura hardcore punk libre de drogas. Sin embargo, su legado político permanece a menudo ambiguamente asociado con una soberbia postura machista autorreferencial y con un puritanismo conservador. A pesar de que algunos elementos de la cultura Straight Edge se alimentan de tal percepción, la historia política del movimiento es de lejos mucho más compleja. Desde los orígenes del Straight Edge en Washington D.C. a inicios de los años 80, individualidades, bandas y escenas enteras a lo largo del mundo lo ha vinculado al pensamiento y al compromiso radical. Una vida sobria para la revolución traza esta historia. Esto incluye contribuciones –en la forma de profundas entrevistas, ensayos y manifiestos– de un gran número de artistas y activistas con vínculo con el Straight Edge, desde Ian MacKaye (Minor Threat/Fugazi) a Dennis Lyxzén (Refused/The (International) Noise Conspiracy) u otras bandas musicales, hasta proyectos feministas (Emancypunx), activistas disidentes sexuales y de género, pasando por colectivos radicales como CrimethInc u otros dedicados tanto a una vida sobria como a la lucha por un mundo mejor. Rústica con solapas, 396 páginas, 19x14cm.
¿Podrá el capitalismo encontrar energía suficiente para satisfacer sus necesidades? Para responder a esta pregunta Sandrine Aumercier polemiza con distintos análisis elaborados desde corrientes ecologistas, marxistas y antindustriales. Su ensayo sigue la estela de autores como Robert Kurz, Moishe Postone o Anselm Jappe (autor del prólogo), actualizando sus planteamientos. Relaciona la crisis energética con la crisis del valor que se produce en el seno del sistema capitalista, refutando la tesis tecnoptimista según la cual la máquina nos liberará del trabajo.
La crisis energética constituye un muro para el metabolismo capitalista, cuya demanda de energía aumenta permanentemente. El sistema se dirige hacia un impasse autodestructivo: no puede haber crecimiento económico ilimitado en un mundo en el que los recursos tienden a agotarse. La autora se remonta hasta los orígenes de las leyes de la termodinámica desvelando las incongruencias existentes en la base misma del productivismo. También articula una crítica demoledora de las energías renovables desmontando el mito de la sustituibilidad.
Bilbao, principios del siglo XX. La bonanza económica que conllevó la imparcialidad de España en la Primera Guerra Mundial no ha repercutido en mejoras en localidad de vida de la clase trabajadora. Las condiciones laborales y la situación de sus familias son insostenibles
y la huelga en el sector siderúrgico es inevitable.Fermín Olarte, sindicalista y trabajador en una de aquellas grandes industrias que poblaron la margen izquierda de la ría de Bilbao, toma parte activa en la huelga. Desde su visión esperanzada y al mismo tiempo crítica de la lucha política, se implica con su grupo de activistas en las acciones necesarias para conducir lahuelga a buen puerto; sin embargo, debido a conflictos familiares y a los embates del destino, se verá obligado a tomar decisiones que afectarán determinantemente a su vida.
Un relato escrito desde la vivencia, desde el recuerdo. Es el resultado de unir emociones y situaciones alimentadas desde un prisma singular, un prisma que refleja una vida con discapacidad. Darle forma y escribir este libro es una consecuencia de dejar constancia en estas páginas de realidades y momentos de vulnerabilidad, que, en muchas ocasiones, guardamos y no mostramos. Visibilizar una vida tantas veces estigmatizadas y llena de tópicos peyorativos, es una motivación suficiente para llenar huecos de vacío existencial, con experiencias y situaciones aquí relatadas.
Isaac Puente fue médico y un destacado militante anarquista, naturista y de la cnt, conocido principalmente por ser el redactor de El comunismo libertario, base teórica con la que los anarquistas españoles se lanzaron a realizar el paraíso en la tierra. Hombre de grandes conocimientos científicos, divulgó incansablemente las ideas de igualdad entre los seres humanos. Y trató de llevarlas a la práctica.
Incombustible colaborador en prensa, su obra —muy malatestiana, en lo que de aparente sencillez contiene— sigue siendo incomprensiblemente desconocida. Este volumen, Un médico rural, toma su título del seudónimo con el que Puente firmó muchas de sus colaboraciones y está estructurado en dos bloques maestros: Salud (escritos relacionados con el cuidado del cuerpo) y Anarquía (artículos de índole más política). Pepitas quiere con este libro sumarse a la tarea de difundir el pensamiento y la obra de uno de los teóricos libertarios más importantes y queridos de todos los tiempos.