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Común, procomún, comunes, comunales... las denominaciones varían, pero todas ellas apuntan a formas de propiedad, uso y aprovechamiento de los recursos, la vida y el planeta que no pasan ni por la mercancía ni por el Estado. En este libro, Silvia Federici explora la noción de lo común. Nos dirige la mirada hacia la gran expropiación, todavía en curso, que supone la inacabable imposición del capitalismo. Los comunes, las formas de organización comunitaria de los ecosistemas humanos, existen desde que se formaran las primeras sociedades. Y los comunes han sido el objeto prioritario de sucesivas rondas de rapiña y cercamiento capitalista, que todavía hoy persisten sobre la tierra, el cuerpo, la vida y el conocimiento, especialmente cuando estas materias se dicen en femenino.
Federici apunta, de este modo, a un futuro posible de emancipación, de organización no patriarcal y no capitalista de la reproducción social, que pasa necesariamente por una ampliación y reinvención de lo común. Como ella misma dice: «El horizonte que nos propone el actual discurso y política de los comunes no consiste en la promesa de un retorno imposible al pasado, sino en la posibilidad de recuperar el poder de decidir colectivamente nuestro destino en esta tierra». Esto es lo que ella llama reencantar el mundo.
El autor (1873-1958), anarquista alemán, de oficio encuadernador y de formación autodidacta, es autor de numerosas obras que abarcan la historia, las biografías, la economía y la política; sus memorias constituyen un monumental repaso a la actividad político-social que desarrolló durante toda su vida. Fue censurado, calumniado, proscrito, denunciado, procesado, encarcelado, deportado y exiliado. Luchó siempre al lado de los explotados, reflexionando sobre las posibilidades de un futuro libertario para la humanidad. Buscó conjugar teoría y acción, adecuando los métodos de actuación con los fines deseados. Fue uno de los promotores de la reconstrucción, en 1922, de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), a la vez que teorizó sobre la trabazón del anarquismo con el sindicalismo. Nacionalismo y cultura es quizá su obra maestra. Escrita a principios de los años 30 del siglo pasado, su manuscrito fue lo único que pudo salvar cuando huyó de los nazis en 1933. En ella desmenuza el pretendido socialismo científico, llegando a la conclusión de que la dialéctica marxista no es otra cosa que la traducción del fatalismo religioso al campo de la economía.
La trayectoria de Juana Rouco Buela coincide con la edad de oro del anarquismo rioplatense de principios del siglo XX. En este sentido, la reedición de su autobiografía, publicada por primera vez por las ediciones Reconstruir en Buenos Aires en 1967, confirma una voluntad de seguir difundiendo la esencia del ideal anarquista "vivido por una mujer", una mujer excepcional, que dejó un testimonio valioso sobre una época que cambió para siempre el imaginario social de las generaciones militantes del anarquismo argentino y mundial. La resonancia de su trayectoria a través de los años nos invita a volver a pensar la novedad de sus planteamientos no solamente en el contexto de la época, sino también en los tiempos más actuales, y a considerarlos como una herencia al servicio de las generaciones ácratas del futuro.
Si el acto violento es entendido como mensaje y los crímenes se perciben orquestados en claro estilo responsorial, nos encontramos con una escena donde los actos de violencia se comportan como una lengua capaz de funcionar eficazmente para los entendidos, los avisados, los que hablan, aun cuando no participen directamente en la acción enunciativa. Es por eso que, cuando un sistema de comunicación con un alfabeto violento se instala, es muy difícil desinstalarlo, eliminarlo. La violencia constituida y cristalizada en forma de sistema de comunicación se transforma en un lenguaje estable y pasa a comportarse con el casi-automatismo de cualquier idioma.
Rita segato nos presenta en este texto una hipótesis respecto de este preciso problema: la violencia expresiva. A diferencia de la "violencia instrumental", necesaria en la búsqueda de un cierto fin, la violencia expresiva engloba y concierne a unas relaciones determinadas y comprensibles entre los cuerpos, entre las personas, entre las fuerzas sociales de un territorio. Es una violencia que produce reglas implícitas, a través de las cuales circulan consignas de poder no legales, no evidentes, pero sí efectivas.
Revista de vanguardia contracultural y literaria de Bilbao. Varias de las mejores plumas de Bilbo se juntan en un diseño precioso para hablarnos de Robert Graves,William Blake,Wilfried Satty, del futbol y lo oculto...nos cuentan fantasmagóricos relatos cortos, entrevistan al Zurdo o a los locos de Magia del caos.
Hermanastra de Agente provocador, revista de la editorial La Felguera del agitador Servando Rocha. Imprescindible para entender ciertos rumores subterraneos que de vez en cuando, solo de vez en cuando, rumorean en las cloacas de la villa, dejando su visión provinciana tirada por los suelos llenos de calimotxo caducado.
M-A-N-Í-A. Las letras (deletrear en inglés se dice igual que lanzar un hechizo: To spell), las palabras, los nombres que conforman esas palabras, los rostros que pertenecen a esos nombres, las correspondencias, las correspondencias y la visión. La danza de los nombres y la danza de los rostros, las conexiones. El juego. El juego y la palabra. M-A-N-Í-A.
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